Percepción e interrupción.

Hace casi un mes Tania Castellano estuvo en la facultad de BBAA hablando sobre su tesis, la cual trataba sobre la distracción y la percepción. se basaba en las teorías de Walter Benjamin y dividió la charla en dos. en primer lugar abordo el tema desde un punto de vista lingüístico dando a conocer los distintos matices que tienen todos los términos que significan distracción en alemán. en la segunda parte relacionó obras de arte con distracción. de toda la exposición lo que mas me intereso fue la idea de “barbecho intelectual” y como es necesario concederse a uno mismo épocas de descanso para poder recoger ideas.
Otro aspecto me que llamo la atención fue la de posicionar a la abstracción a medio camino entre estar atento o distraído, como un estadio muy proclive para generar ideas.

En la segunda parte varias obras me parecieron interesantes. sobre todo las de Candice Breitz, en mi opinión tenían mucho equilibrio entre estética y contenido. Además del cine estructuralista de Peter Kubelka y Tony Conrad que fueron dos grandes descubrimientos. 

Performance.

El ultimo taller al que asistí trataba sobre performance, una practica que me produce pensamientos contradictorios, puesto que la mayoría de las acciones me son indiferentes, no obstante hay un grupo muy reducido que no solo me parece genial, si no que además, en parte, es lo que me gustaría hacer en un futuro.

La idea de interactuar con el entorno porque si, sin ningún objetivo, me parece algo lúdico y de ocio que no debería tener pretensiones mas allá de lo que es, pasárselo bien.

 

Por ejemplo: los huertos urbanos que florecen por todo Madrid, nacen por una necesidad de hacer una ciudad para las personas, donde relacionarse sin que para ello tengamos que consumir. ¿qué necesidad hay de enmarcar esa acción como arte? Esto en particular me parece una forma de vivir con arte pero no lo considero una obra, al igual que, a mi parecer, gritar a la gente por la calle, el bajar una cuesta haciendo volteretas, arrastrar un cubo de hielo, etc.

 

En cambio hay otras acciones que a mi parecer si tienen el equilibrio entre obra física, conceptual y de acción, pudiendo ser algo tan “simple” como colgar un cuadro (irónico y metafórico) en un museo de gran prestigio. No solo es algo que se entiende por mucha gente, en mi opinión, es algo que sirve para unirse con las personas, algo del mundo de a pie, sin pretender como muchas obras ser un objeto diferenciador para con el resto del mundo.

 

Respecto al taller he de decir que me pareció lúdico y ayuda a desenvolverse en publico, además de conocer algún colectivo nuevo. Adjunto un enlace de una agrupación que considero nada pretenciosa, extremadamente divertida e integradora. www.elenigmadelafruta.com

Reina Sofia (ideas).

En general no siento ninguna afinidad por la exposición que vimos (de la revuelta a la posmodernidad), no obstante pude sacar algunas ideas afines. La principal fue un piano que había sido modificado técnicamente de tal forma que variasen sus cualidades acústicas. De esto me interesa la idea de manipular objetos o artilugios ya existentes para cambiar su significado y crear metáforas.

También me llamo la atención una obra que consistía en hacer crecer una cebolla dentro de una botella, por el hecho del tiempo que dura la obra, pudiendo decir que es una obra viva.

Por ultimo unas barras de hierro que formaban un hexaedro alargado me pareció algo con lo que tenia afinidad y que pretendo conseguir, una estética serena sin ningún tipo de ornamentación, en cuanto a la parte física de la obra.

Como conclusión seria una mezcla de utilidad, variación respecto al tiempo (obra viva), diseño sencillo y como temas política, economía y sociedad.

Imagen

Los tulipanes.

“En el siglo XVI Holanda era una auténtica superpotencia comercial. Era, de hecho, el país que más comerciaba con el resto del mundo. El estado intervenía poco y colaboraba, rebajando aranceles, con el comercio. Los holandeses del siglo XVII se hacían ricos exportando todo lo que tuviese un mínimo de demanda, desde vino, hasta armas, pasando, por supuesto, por las flores.

El tulipán, importado del imperio otomano de la mano de Fernando I, a quien le habían regalado unos bulbos,  se había convertido en un bien muy deseado entre los nobles holandeses y franceses. Exhibiendo tulipanes en las fiestas que daban en sus mansiones, los nobles demostraban un estatus muy elevado y un gusto refinado y exquisito. era lo más “cool” y los salones, alos que accederían los invitados, se decoraban con ostentosos jarrones y floreros llenos de tulipanes frescos. era un producto caro y que revelaba un gusto por la sofisticación y un alto poder adquisitivo.

Los tulipanes eran atacados por un virus que lejos de matarlos o dañarlos los convertía en ejemplares aún más deseables. Era el llamado “virus mosaico” y las consecuencias de este virus, que atacaba a los bulbos, consistían en dibujos y arabescos bellísimos en la flor. Cuanto más extraño fuese el dibujo de la planta, más deseada era aquella. Mera cuestión de exclusividad, lo cual hacía que subiera el precio de aquella planta.

Aquellos bulbos, escasos, y por tanto carísimos, eran exportados, mayoritariamente, a Francia, donde el mercado era enorme, y donde los clientes podían llegar a pagar cifras astronómicas por poseer una de aquellas extrañas y exóticas plantas. Los comerciante holandeses llegaron a la rápida conclusión de que aquella moda sería exportada por los franceses al resto de Europa y que por tanto el mercado en el que se iban a disputar las flores y especialmente aquellas cuyos bulbos hubieran sido contaminados con el “virus mosaico”, con lo que las sumas que se podrían llegar a pagar por las flores podrían llegar a romper todos récords. Este era, claramente, el razonamiento. ¿Quién no lo hubiera pensado?

Tenemos sentadas las bases del comienzo del negocio especulativo, oferta -poca- demanda -altísima- dispuesta a pagar -en principio- lo que haga falta por hacerse con un objeto que denota status social. Pero ahora debemos hacer un inciso para no perdernos ninguna parte de la secuencia que nos dará las claves para entender cómo se produjo la crisis de los tulipanes.

Una planta de tulipán se puede obtener bien mediante una semilla, bien mediante un bulbo. El tiempo que tarda en crecer desde una semilla es demasiado largo, pues oscila entre los 7 y los 12 años hasta que veamos un precioso tulipán en nuestro jardín.

Sin embargo, si disponemos de un bulbo, la flor brota muy rápidamente. Y en este caso con un valor añadido: para obtener copias de las plantas con el virus del mosaico deberemos tener el bulboCon lo cual, la elección sobre qué comprar, semillas o bulbos, estaba clara. Había que hacerse con bulbos, para poder tener bulbos con el virus y poder reproducir plantas especialmente caras.

Había dos momentos del año en el que se hacían transacciones comerciales con los tulipanes; en primavera, que se vendían al público y en verano, que era la época en la que comerciaban sólo los productores. Al acabar la temporada de la flor, en primavera, daba comienzo la época de comercio con los bulbos. Los bulbos eran arrancados y plantados posteriormente. Pero habían un pequeño, insignificante problema: los bulbos no podían desenterrarse. Al hacerlo estos morían. Así que, ¿cómo puedo comerciar con bulbos que valen una fortuna pero que no puedo desenterrar para entregárselos a mis clientes?. La solución llegó a través de la venta de derechos sobre los bulbos de tulipán, o lo que es lo mismo, se inició un mercado de futuros del tulipán. ¿Interesante y actual, ¿eh?.

Sigamos. Es, llegado este punto, cuando comienza a formarse una burbuja comercial que traería consecuencias funestas para los holandeses. Un comerciante tiene un bulbo que, para su fortuna, está contaminado con el virus mosaico. Un segundo comerciante le compra al primero el derecho sobre el bulbo. El acuerdo se cerraba, supongamos, en 10 florines (no tengo ni idea a cuánto equivaldrían en Euros de hoy) y abona tan sólo 1 florín, a la espera de que el bulbo haya crecido para abonar el resto, los 9 florines restantes. En este acuerdo no había dinero en efectivo de por medio, sino que se hacía a través de pagarés ante notario.

Mientras se hacían miles de operaciones financieras como esta, el precio de los tulipanes subía y subía sin parar. Era una locura. Todo el mundo se iba a hacer rico. Y muchos agricultores, y profesionales de otros oficios,  dejaban sus dedicaciones para centrarse única y exclusivamente en el cultivo del tulipán. Durante este proceso de subida de precios altamente especulativo, aparecían, entonces, otros compradores a los que se vendían los derechos firmados ante notario. Estaban vendiendo el derecho sobre el futuro tulipán que le habían comprado al primero de los comerciantes. Y así, uno tras otro, incrementando astronómicamente el precio y creando una cadena de pagarés. Así que el segundo comerciante , que lo ha comprado por un valor de 10 florines (ha pagado 1 florín), se lo vende a un tercero por 20 florines por una señal de 2 florines; el tercero lo vende a un cuarto por 30 florines, con una señal de 3 florines, y así sucesivamente…

La rentabilidad sobre los bulbos, que se vendían al comprador final a 50 o 60 florines, eran altísimas. Siempre había alguien dispuesto a pagar más. ¿Para qué iba nadie a trabajar en ninguna otra cosa que no fuera el mercado de los tulipanes si en su trabajo de toda la vida hubiera sido impensable ganar lo que con una sola operación de “futuros sobre tulipanes”?. Uno sería tonto si no viese que aquel era un negocio redondo en el que los vecinos se hacían de oro a velocidades vertiginosas. Todo el mundo quería negociar con los tulipanes. Evidentemente, nadie iba a firmar un contrato sobre uno o dos bulbos. Se hacían transacciones enormes, pues eran contratos en los que se compraban los derechos por una notable cantidad de bulbos. Hay documentados contratos en los que se llegaron a firmar compromisos de pago por valor de más de 100.000 florines. La locura se había desatado en los mercados financieros de Amsterdam. Uno de los casos más sonados es el de un comerciante que avaló un contrato de futuros con 5 hectáreas de tierra por un solo bulbo de tulipán. Para listo, yo, debió pensar.

Pero a comienzos de 1637 llegó el comienzo del fin de la alegría y la riqueza. Las ventas tulipanes no llegaron a ser todo lo abundantes que se esperaba. No está muy claro porqué, pero se barajan múltiples causas. El caso es que no se cumplieron las expectativas. Se creía que algún noble francés estaría dispuesto a pagar lo que se le pidiera por el tulipán, pero no fue así. Y llegó la hecatombe…

Los comerciantes empezaron a demandarse entre si queriendo cobrar lo que se había pactado en los contratos notariales. Y comienza un efecto dominó, en el que el segundo intermediario no le puede pagar al primero de la lista mientras no le pague el tercero; el tercero no le puede pagar al segundo hasta que a el no le pague el cuarto y… así sucesivamente, demanda tras demanda. Una cadena de impagos interminable.

El caos organizado llegó a ser de tal calibre que el gobierno holandés tuvo poner orden y tomar cartas en tan grave asunto que afectaba a toda la economía nacional. Las autoridades declararon que los contratos de bulbos habían sido puro humo, carecían de valor. No había un bien. Sólo había una opción de futuro. El gobierno dictaminó que resultaba un absurdo el obligar a un pago futuro con un precio ridículamente elevado, llegando incluso hasta el absurdo y se convino que se debería abonar tan sólo el 10% del importe pactado. Por lo general el 10% del valor total del contrato se aproximaba bastante al importe abonado en la señal inicial.

En fin, una sucesión de despropósitos a los que se llegó por una ambición desmedida y por haber pensado que siempre habrá alguien que vaya a pagar más que el anterior por un bien cuyo precio ya es alto desde el punto de partida. Si se tensa demasiado, la cuerda termina por romper.”

(http://declickenclick.com/2012/10/01/la-burbuja-de-los-tulipanes-en-la-holanda-del-siglo-xvii-o-de-las-lecciones-que-nunca-se-aprenden/)

Espacio trapecio: universidad como cultivo artístico.

La idea que mas me llamo la atención y con la que mas simpatizo fue la de lugar de aprendizaje a modo de cooperativa cultural, donde entre todos se desarrolle un programa que se sirva de personas externas, como conferenciantes especialistas en materias determinadas o profesores de cualquier ámbito de interés. La búsqueda de estos seria por parte de las personas que forman la agrupación.

De esta forma entre todos se aunarían esfuerzos y podría surgir un espacio polivalente en el que se impartiría cualquier tipo de conocimiento que satisfaga los intereses del grupo, creando un estudio-universidad, en el que cada cual trabaje en sus proyectos, ayude al resto y sea ayudado. Ademas seria mas barato tener un espacio en el cual desarrollar estas actividades.

 

Ya hay iniciativas parecidas, unas mas institucionales como el HUB (http://madrid.impacthub.net/) y otras mas independientes como KELLER (http://elkeller.wordpress.com/).

Descripción.

descripcion5

1º Taco de madera: técnico, simétrico, proporcionado, “ordenado”.

2º Castaña: objetos los mas acabados posibles. Liso, suave.

3º Céntimo: valor, cambio de valor respecto a personas o a tiempo.

4º Cartel “se alquila”: poseer de hecho y no de derecho, ausencia de compromiso.

5º Gomaespuma: adaptable, flexible.